domingo, 27 de noviembre de 2005

La impunidad tiene cura

El sábado 27 de noviembre se realizó el escrache al cura Hugo Mario Bellavigna. Desde Av. San Martín y Av. J. B. Justo, cerca de 300 personas, con una mayoría abrumadora de jóvenes, comenzaron su lenta caminata por las calles del barrio hasta llegar a la Iglesia Santa Inés, en Ávalos 250 del barrio La Paternal, donde el cura ofrece misa desde hace ocho años. En un clima casi festivo el escrache logró su objetivo primordial: los vecinos ya saben quién es Bellavigna, el mismo que estuvo entre 1978 y 1982 como cura penitenciario en el Penal de mujeres de Devoto, donde torturaba psicológicamente a las detenidas y evaluaba su “grado de recuperación” desde la Comisión interdisciplinaria, bajo las órdenes del Teniente Coronel Sánchez Toranzo y el General Suárez Mason.

Los miembros de la mesa de escrache sabían que estaban ante un evento especial. Sucede que tenían que escrachar a un cura católico con todo lo que eso significa para mucha gente de buena fe (y para algunos de mala).
De hecho, una semana antes de la cita final, un grupo de militantes fue atacado a golpes luego de una discusión con una señora que quería quitar los afiches que estaban pegando. A pesar de este antecedente todo transcurrió con tranquilidad, aun con la presencia de un par de provocadores quienes, con los rostros tapados, hacían gestos y sacaban fotos a los manifestantes desde algunas terrazas aledañas a la iglesia. Los aplausos que bajaron desde numerosos balcones al paso de la caravana sonaron más fuerte que cualquiera otra provocación desatendida, por suerte y por inteligencia.
La presencia de algunas agrupaciones de izquierda (Socialismo Libertario, Partido Comunista), de asambleas de la zona (Villa del Parque, un par de Paternal, Villa Mitre y Santa Rita, entre otras) y la ausencia poco sorprendente de otros partidos (el Partido obrero, por ejemplo, que tapó pintadas del escrache para publicitar un acto propio en el obelisco), contó con el valiosísimo aporte de muchos vecinos indignados por el prontuario del cómplice de la dictadura militar.
Mientras, la agrupación H.I.J.O.S. entregaba volantes anunciando el próximo escrache que será el sábado 4/12 desde el Hospital Posadas de Haedo para gritarle ¡piedra libre! a Cecilio Abdenur, un civil integrante del grupo de tareas “SWAT”, que torturaba secuestrados en el mismísimo Hospital, entre otros centros clandestinos de detención de la zona oeste.
Tras una mañana lluviosa, que hizo presumir a muchos que Dios estaba, definitivamente, del lado de los malos, el sol se mostró a pleno tornando mucho más caluroso el clima de la marcha.
Al llegar a la iglesia, una veintena de policías de la guardia de infantería esperaban formando una línea que cubría todo el ancho del lugar. Allí se leyeron algunas adhesiones y el documento que se discutió en las reuniones de la mesa, que se llevan a cabo desde un par de meses antes del escrache. Allí, recorriendo el prontuario de Bellavigna, se pudo escuchar un reconocimiento a los curas tercermundistas: “queremos denunciar la conocida participación de la Iglesia Católica como cómplice de la dictadura, pero también queremos destacar que hubo un grupo de curas que se jugaron a pesar de eso”, nos había dicho Julieta, integrante de la mesa y arengadora durante la recorrida.
Durante el regreso, las caras de “tarea cumplida” se podían contar por centenares, mezcladas con el colorido de los trajes de las murgas que sumaron su presencia. Algunos comentaron, entre risas, la intervención de dos personas con las caretas de Menem y Cavallo escondidos en un volquete al paso de los caminantes.
Se sabe que la impunidad es una enfermedad terminal que sólo puede superarse con justicia; pero, mientras esperamos por el remedio, debemos saber que el escrache, aquella invención de un grupo de hijos de desaparecidos, es una medicina saludable que sirve para calmar el dolor y que motiva la esperanza de saber que muchos jóvenes están dispuestos a participar en política.
Esa tarde de sábado, en la Paternal, quedó más claro que nunca que la impunidad tiene cura... en todos los sentidos.

viernes, 22 de abril de 2005

Jornada por la memoria II


Sábado a la noche, muertos de cansancio, nos despedíamos a los abrazos después de la jornada homenaje número diez.
Como todos los años, las imágenes del día pasando como una película y las ideas amontonándose en la cabeza, sin poder abandonar las sensaciones del emocionante- alucinante ejercicio de memoria colectiva.
Me acordaba de los discursos que hablan "de cara al futuro", de reconciliación y perdón, que dicen que mirar siempre al pasado es inmaduro y no se animan a proponer "olvido" porque saben que esa palabrita ni el más distraído se la permitiría.
A ese grupo de locas que buscaban a sus hijos el poder les gritó "circulen". Sólo lograron que ellas nos enseñaran a caminar cuando el estado de sitio lo prohibía y a seguir caminando de miles de maneras durante estos treinta años. La plaza donde plantamos los árboles para homenajear a los compañeros cuyos nombres se sumaron a la placa este año se llama Plaza de Isidora, en homenaje a una de esas locas, y el barrio la reconoce como territorio de la memoria, pequeño intento de reivindicar aunque sea un cachito a una sociedad que carga con la verguenza de haberlas dejado solas ronda tras ronda.
No nos van a ganar- nos decía Jaime, papá de Luis Steimberg-. Desde que se lo llevaron lo estamos buscando y lo vamos a seguir buscando.
No, claro, no nos van a ganar.
(La unica lucha que se pierde es la que se abandona).
La promesa en la placa con sus nombres dice: "porque amaban la vida lucharon por un mundo mejor, porque hoy no están con nosotros los recordamos asumiendo el compromiso de concretar sus sueños".
Por eso no nos van a ganar. Y nunca más quiere decir nunca más terrorismo de estado pero también quiere decir nunca más un pibito pidiendo en una esquina, nunca más tipos desesperados buscando laburo, nunca más familias revolviendo la basura, nunca más un preso por luchar, nunca más uno solo de esos hijos de puta genocidas caminando por la calle.
Nunca más una lista larga...
Me gusta la tapa del libro- me dijo Carlos-. Me gusta porque el cielo es muuuy grande.
En la tapa del libro de historias de vida está el mural de la plaza, pero bajo un cielo enooooorme, lleno de palomas que lo surcan.
Y agregó, con los ojos húmedos de emoción: Nos queda mucho por recorrer.
Estamos recorriendo el cielo, pensé.
Y lo asocié a un comentario de mi vieja, tan ajena a la militancia, tan lejana señora del barrio, que vino hasta la plaza sólo porque su hija laburó para el homenaje.
Es más triste que ir al cementerio -me dijo- pero claro, estos familiares no tienen un cementerio adonde ir.
Bingo, me dije, y me quedaron rebotando en la cabeza: cementerio, memoria, plaza, cielo...
Ese territorio de la memoria en la plaza, espacio de vida y de reencuentro que construyeron un montón de tercos de la comisión por la memoria es eso: es recorrer el cielo para buscarlos, para abrazarlos, para que nos digan cosas al oído y nos den fuerzas para seguir, es un espacio mágico en el que están PRESENTES!.

María Eugenia Otero